La moribunda eterna.

He aprendido que cada quien crea en su propio dios.

No hablo solo de nuestras obsesiones, nuestros intereses o nuestras muy necesarias manías, sino de nuestros mas obscuros y arraigados ritos, cultos e idolatrías egotistas.

Nadie se salva, mucho menos en nuestro medio de expresión, mi tema, pues no podemos evitarlo.

La idea me asaltó al escuchar las justificaciones dadas por persona x con referencia a delicado asunto pertinente a nuestra profesión. Lo omito por obvias razones, pero a fin de cuentas mi reflexión en el momento derivó en franca depresión. Me cuesta mucho trabajo separar amistad, labor y convicciones.

Imposibilitado para expresar mi sentir de otra manera que no fuera la broma pesada, opté por callar. No era la primera vez que le escuchaba decir algo semejante ni es la primera persona a la cual escucho decir algo parecido. Nos enfrentamos a un ambiente de incertidumbre, de hastío, de desesperanza, con respecto a nuestro país y a nuestro trabajo; sin embargo no comparto la solución pacífica que pretende asegurar un futuro inmediato sacrificando el bienestar a largo plazo. Para mi es un contrasentido.

El debate sobre la utilidad del arte, de la función que tiene en la sociedad, nos revela en escala de grises como la necesidad de bienestar, por una parte, y de ser foco de atención, por otra, ha convertido a varias generaciones de creadores en apologistas de la corrupción; mínimo en tolerantes del sucio funcionamiento del sistema.

No hablo, ciertamente, de todos aquellos que consideran que el fin último del arte es el arte en si, aunque me formo en la otra fila. De quienes me ocupo es de aquellos que prefieren portarse bien y no hacer olas. Invariablemente, dichas personas crearán cosas a la medida de sus necesidades y de los lineamientos no escritos por aquellos a quienes quieren complacer: a los que reparten el queso.

En la misma linea están aquellos que solo crean para bañarse de gloria, sea su obra buena o no, pues tampoco comparto aquello que alguna vez pensé era una filosofía válida para la creación: Lo hago para mi.

Una cosa es hacer las cosas a mi gusto y la otra es hacerlas para que me den likes.

Cada quien su rollo, dirán algunos, y es eso precisamente lo que me provoca; es parecido a eso de que cada quien puede creer en lo que le de la gana, aunque sea algo nocivo. Nos escudamos en una especie de respeto falso, con la esperanza de que no critiquen nuestra posición, mientras en nuestro interior, el sentimiento de superioridad al tolerar lo que pensamos es una mentira, nos excita.

Cada quien crea en su propio sistema de creencias. Nada nuevo. No es el hilo negro, es la manera en que funciona esta podrida maquinaria, y como artistas elegimos darle a nuestro trabajo el destino que nos acomoda y nos beneficia.

… y a ti que te importa! Cada quien…

Si. Cada cual. Cada loco con su tema. En lugar de armonizar, nos declaramos contentos de la cacofonía, pues pensamos que es nuestra tonada la que importa.

No digo que todos hagamos lo mismo, ni que mi tonada es la verdad.

Digo que la canción no es buena cuando todos quieren ser solistas o cuando los ejecutantes están a las ordenes de los mas perversos e ignorantes compositores.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s