Hábitat (parte uno)

Luego de una gestación llena de promesas, tenemos a un nuevo miembro en la (disfuncional) familia teatral de Cajeme, y aunque su primer solito fue algo accidentado, sigue siendo un momento para atesorar.

Parte uno: La expectativa

Quiero, antes que nada, dar la bienvenida a Indpendiente.3. Eventos como este deben ser motivo de gusto, y pretexto para que todos nos pongamos a trabajar con más ganas. No se puede crecer sin pares de los cuales aprender. No tiene que gustarle el estilo o el contenido, el gusto nada tiene que ver con la necesidad de ver el mundo a través de los ojos del otro.
Para mi, desde que se anunció la producción, la expectativa supuso siempre algo positivo, pues como creador interesado en ver propuestas nuevas por lo que aportan al imaginario individual y colectivo, tener cerca un grupo con ganas de tumbar paredes es motivó de gozo.

El gusto es aún mayor al ver como se han comprometido con su proyecto y se han lanzado a las calles y a las redes para darle promoción, lo que constituye también un ejemplo para todos aquellos que en la desesperanza y la rutina nos hemos quedado en la falsa seguridad de un nicho, o peor aún, en la inacción.
El proyecto de Independiente.3 ha presentado su primer producto artístico y bien vale la pena comentarlo en la esperanza de que sigan realizando representaciones en la ciudad y más público tenga la oportunidad de verlos.
Dicho esto, el ejercicio crítico que haré a continuación podría parecer contrario al espíritu positivo con que aplaudo la creación de este grupo. No es una contradicción, mi esperanza en el futuro de Independiente.3 es real. Rafael Evans y sus cómplices en este proyecto son jóvenes cajemenses con toda la vida por delante y una considerable montaña de experiencia por detrás. (No es albur). Su hermandad es palpable y su visión es contundentemente compartida. Esto habla muy bien de su núcleo.
Nada de esto, sin embargo, significa que su primer propuesta haya sido el parteaguas demoledor de paradigmas que muchos esperaban.
Las expectativas eran altas. Se convirtieron en poco tiempo en gigantescas. El día previo al estreno el asunto se tornó repentinamente inalcanzable.
La explicación es sencilla: Se anunció por las redes sociales que después de la función de las siete se develaría una placa conmemorativa por el estreno de la obra. Esto, a mi limitado saber, es una cosa inaudita. No sé de obra alguna que haya develado placa sin tener por lo menos 30 representaciones, un número que para el teatro Sonorense es un logro considerable. Esta sorpresiva noticia levanto sospechas entre algunos colegas. Nos preguntamos si el grupo no habría perdido el piso antes de subirse al escenario.
En una ciudad donde grupos independientes han llegado a declarar que sus refritos de musicales populares son superiores a los originales, perder el piso es cosa común.
No lo esperábamos. No de este proyecto en el cual están inmiscuidas personas que han sido abiertamente críticas de la egolatría imperante en el gremio teatral de Cajeme.
Mucho tiempo antes de haber sido terminada, la obra tenía ya compromisos nacionales e internacionales, lo cual hablaba de una labor de promoción envidiable, no necesariamente de la calidad del producto, pero la mayoría de nosotros, con el conocimiento previo del buen trabajo del director en varios talleres impartidos en diferentes espacios de la ciudad, y sus productos resultantes, vimos la anunciada gira como un gesto de fe, de confianza en si mismos. Otro punto a favor. Eso nunca fue un factor que me predispusiera a la sospecha. La ceremonia de glorificación si.
Lo de la placa fue resumido con buen humor por una compañera de las tablas con algo como esto: pues espero que la obra este buena, porque si no, ¡que placa!.
Mientras el gusto se rompa en géneros, habrá quien diga que la profecía anterior se cumplió, pero habrá también quien diga que la obra fue un éxito y la placa es más que merecida.
En mi caso, el asunto fue un catalizador que eventualmente me permitió valorar la obra desde una posición más realista. Ya no esperaba la grandeza. Me dije que en el mejor de los casos sería partícipe de un fenómeno enriquecedor; pero en el peor, temí enfrentar un trabajo al modo de los varios infalibles maestrazos que componen parte de nuestro gremio.
Puedo decir ahora que si bien no se trató de la segunda opción, por desgracia tampoco se trató de la primera.

El mérito de la obra, en mi opinión, tiene mas que ver con la pasión demostrada en los días, las semanas y los meses previos al nacimiento. El producto final no es un reflejo de esta pasión.
Esto no significa que independiente.3 haya fallado en su aventura; por el contrario, esta apenas comienza.

Continúa…

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