El extraño teatro del mundo

Pues si, el día de ayer fue intenso, pero no por todo lo que esperaba, sino porque la vida, el teatro y la política son impredecibles… Bueno, la política si es predecible, pero a veces es divertida de tan absurda.

Empezaré por comentar que la reposición de El extraño mundo de Jack inició con el pie derecho. Quedé muy contento con la función que, si bien no fue perfecta (es teatro caramba), transcurrió sin mayores contratiempos, reveló que la nueva sangre trabajando en Sinergia está llena de sorpresas y fue del agrado del público, que al final no resistió las ganas de tomarse fotos con el elenco.

La segunda función, hoy, promete ser, por supuesto, un monstruo distinto. Espero que nos de un genial susto. Mil gracias a todo el equipo de trabajo y a Obed por haberme tenido confianza. Me divertí horrores.

Lo segundo fue la función de Engendrarán Dragones en el MUSOR. Algún chistosito le debe haber deseado suerte a Armando García, echándole la maldición, pues unas horas antes de la hora, que le cae tremendo tubo en la cabeza al actor y director, por lo que tuvieron que trasladarlo de emergencia al hospital, del cual fue dado de alta por allá de las 9 de la noche, lo que significa, claro está, que no hubo representación.

Armando está bien, hablé con el anoche, y estamos maquinando una próxima fecha para presentar su trabajo con los chicos y chicas de ULSA en otro espacio. Estén pendientes.

Y para finalizar mi reporte de lo acontecido el día de ayer:

Por la mañana tuvimos una reunión con nuestro secretario de desarrollo social, para dialogar sobre el conflicto que continúa en la DCM. Nuestra directora no estaba en la habitación, creemos que estaba en el cuarto contiguo🙂 En general la charla fue amena y nutrida, expusimos nuestro sentir, explicamos nuestras acciones y nos demostramos abiertos a la conciliación mientras hubiera voluntad.

Obviamente, sin la directora frente a nosotros, el ejercicio fue meramente formal, pues uno de los grandes reclamos es precisamente que no quiere dialogar. Sin embargo hablamos claro y fuerte para que nos escuchara y nos comprometimos a esperar a este lunes próximo, cuando podría por fin dar la cara.

Uno de los puntos clave, para nosotros, fue que hasta el día de hoy, ya pasando los dos meses luego de la encuesta de ambiente laboral, ella sigue negando los resultados del documento, tachandonos en el proceso como una bola de mentirosos y desestimando lo que fue registrado por un grupo de profesionales en estas cuestiones. Nuestra solicitud al respecto fue bastante sencilla, pero por respeto al secretario y al buen trato que nos brindó, nos la reservaremos por unos días mas, por si acaso hay esperanza.

Es necesario, por otro lado, que el proceso siga siendo abierto. Es muy importante que se sepa sobre la lucha que ahora ya no solo se trata sobre buenas condiciones laborales y sus inevitables consecuencias en la producción o funcionamiento de una dependecia tan vital para el desarrollo de la cultura en nuestro municipio, sino que se ha convertido en un reclamo sobre la buena dirección que necesitamos para enriquecer la oferta y la demanda de actividades culturales valiosas, la cual está siendo realizada por los grupos, individuos y organizaciones independientes.

Una Dirección de Cultura no puede ser solamente una bodega de recursos, (que ni siquiera llega a eso) sino que debe implementar programas y apoyos verdaderos con una visión de crecimiento, no solo de cumplimiento de estadísticas. Hasta este momento y desde hace varias administraciones, la DCM ha pasado de ser un ornamento, luego un botin, y ahora una organizadora de festivales caracterizada por la repetitición de contenidos y la falta de impacto.

Necesitamos que las nuevas generaciones de artistas y gestores tomen esta bandera y exijan verdadera representación, un trato justo y visión a largo plazo. Necesitamos que nuestros gobernantes estén convencidos de que invertir en cultura es realmente uno de los mejores caminos a seguir para lograr bienestar. Los ejemplos están ahí, a la mano. Necesitamos humildad y disposición para aceptar nuestras faltas y congregar a los creadores, gestores y comunidad artística, un numeroso grupo de gente entre quienes desafortunadamente hay una marcada división, no de ideologías, sino de extrañas lealtades. Necesitamos evitar el regreso de aquellos que nos han fallado al trabajar para su propio beneficio, arrojándonos lo que sobra. Necesitamos evitar el estancamiento en las formas y los procesos en un mundo que ha seguido moviéndose a pesar de nuestra terquedad y nuestra egolatría.

Necesitamos, finalmente, cambiar.

En estos tiempos de nuevas revoluciones, no podemos darnos el lujo de pensar que “así es como funcionan las cosas”, “no se puede hacer nada”, “dedícate a lo tuyo y olvídate de lo demás”.

No. Es nuestro mundo, son nuestros tiempos y nuestro derecho a disentir y a demandar mejores líderes.

Ayer nos enteramos que fuimos llamados malagradecidos. Como si habernos dado empleo fuera un impedimento para expresar nuestra inconformidad. Hice una pregunta abierta en las redes: ¿Es un malagradecido el hijo que exige a su padre un alto a la violencia familiar? ¿Es malagradecido un maestro que revela mal trato a los alumnos por parte de quien lo contrató? No es falta de gratitud evidenciar las faltas ni exigir respeto. Quedarse callado es tener miedo en el primer ejemplo, en el segundo se llama complicidad.

Tengan buen día.

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