Para algun@s, solit@ es mas bonito

Reseña

Me casé con un idiota – de Angel Hinojosa

Azar Teatro – Dirigida por Miguel Mendoza
Eva – Ericka Pelayo
Evaristo – Obed Navarrete
Apoyo: Gustavo Ballesteros , Armando Amavizca, Fernando Fierro
Diseño de escenografía y vestuario: Miguel Mendoza

 

En breve:

Lo bueno

Ericka Pelayo y Obed Navarrete son dos de los mejores comediantes trabajando en Cajeme y su química en escena se traduce en una guerra pareja por arrancar las carcajadas del público, lo cual logran con gracia y soltura.

Lo malo

Ángel Hinojosa parece confiar en aquello de “el texto es el pretexto”, por lo que la obra es simplemente una colección de cuadros caricaturescos apilados al rededor de una historia que termina por ser lo que menos importa. La resolución fácil de la comedia es poco satisfactoria.

Lo interesante

A nadie le va a importar la historia. Obed y Ericka se prestan con singular amor al interminable juego de situaciones, personajes y vestuarios que Miguel Mendoza a orquestado con sorprendente habilidad. Aquí es el texto lo que resulta una carga, pero Azar Teatro lo utiliza de manera que las deficiencias “dramáticas” de Me Casé con un Idiota son ignoradas por el espectador. Por otro lado, es probable que el ritmo frenético de la obra nos haga perder el piso en mas de una ocasión.

Sumatoria: Hay sonrisas, risas, carcajadas y gritos de divertido horror en esta obra de teatro; con la mano en la cintura, va la recomendación para que usted venga a pasar el rato disfrutando del indudable talento de los involucrados y una historia que si bien no es nada original, importa muy poco. ¿Quiere reirse con ganas? Esté pendiente de la temporada que próximamente anunciaremos por aqui.

A continuación, una reseña completa, para quienes se interesen:

(O como hay que decirlo, debido a los ánimos encendidos de algunos entendidos, Para quien le importe:).

El estilo probado y comprobado de estas comedias sobre conflictos de pareja, cuyos ejemplos mas cercanos para el público cajemense son Rojo Carmín de La Matraka ó Una Pareja Abierta de La Petaka, (gracias Miguel por no llamar a tu compañía La Machaka) es garantía de éxito simplemente porque la situación que parodian es uno de los mas básicos y comunes dramas humanos. La cantidad de material cómico es virtualmente inacabable. El amor y el desamor, las aventuras y las desventuras, los éxitos y los fracasos del noviazgo y el matrimonio son fuentes inagotables de anécdotas que han sido y seguirán siendo carne de cañón para la creación de comedias que nos permitan encontrar un espacio de desahogo, identificación o sana carrilla.

Me casé con un idiota de Ángel Hinojosa, sigue la fórmula al pié de la letra y se dedica a llenar una hora y media de espectáculo con parodia tras chiste tras cliché. Lo que en cierto momento resulta cansado, se compensa por la capacidad de los actores para arrancar al público las risas que dicho material debe generar. En este sentido, me complace reportar que el dueto Pelayo/Navarrete cumple sin dificultad con la tarea.

De igual importancia es la dirección de Miguel Mendoza, que le imprime al asunto un ritmo constante y permite a sus actores la libertad de hacer lo que mejor hacen: Jugar. ¡Y bien que se nota como se divierten!

Mientras que en trabajos como Rojo Carmín podemos ver a dos veteranos de la comedia sonorense contando en tono clown la misma historia con sus variantes -en esa obra es el hombre el que decide dar por terminada la relación, ausentándose de casa con el pretexto de ir por cigarros aunque no fume; y en Una pareja abierta se nos presenta a dos neuróticos jugando a ver cual tiene mejor salida a una situación insostenible, la diferencia principal en comparación con Me casé con un idiota es que sus personajes son una pareja joven que a pocos años de matrimonio deciden separarse porque en realidad no se conocían y no están dispuestos a soportar las manías y tendencias del otro… ¿se perciben las diferencias? En realidad hay muy pocas. He buscado referencias de este texto y solo me encuentro con que es una adaptación… ¿Podriamos suponer que se trata de una adaptación de Una pareja abierta u otra por el estilo? Donde terminan las similitudes es cuando nos dedicamos a observar a los ejecutantes y como abordan la historia. Pelayo y Navarrete son dos jóvenes con trabajada tendencia hacia la caricatura humana y una química natural. Angel Godinez y Cynthia Salguero, en Una Pareja Abierta, dependían del texto para provocar las carcajadas; en Rojo Carmín, se aplicaban las reglas del clown para realizar una mas limpia propuesta cómica; en la obra de Azar Teatro, los actores, en toda su salvaje energía y creatividad, se elevan sobre el material y se convierten en el motivo para seguir adelante.

¿Cual es el problema con el material? Bueno, que en realidad el texto es, al parecer, mero pretexto. Esta obra está pensada para la risa, no para la catarsis. Y no, no toda la risa es catarsis. Hay comedias que se quedan en el subconsciente porque se ha comentado algo sobre la condición humana, como Una pareja abierta de Darío Fo, pero Me casé con un idiota no es ese tipo de obra. Usted podrá salir del teatro contento y con ganas de recomendarla, pero será por lo mucho que se rió y porque recordará las interpretaciones con una sonrisa traviesa en el rostro; no es que la obra de Hinojosa sea mala y que los actores sean los héroes que la rescatan, creo que está diseñada para ser exactamente eso, una comedia para comediantes; un escaparate para explotar las capacidades cómicas de sus protagonistas y darle al público una hora y media de carcajadas.

Y eso esta bien.

Pero…

En lo personal, a mitad del primer acto lo único que pensaba era ¿y ahora de que se van a disfrazar? ¿que situación se explotará en seguida? Y no me malinterpreten -sobre todo aquellos que solo me leen para encontrar algo por lo cual quejarse, me estaba riendo mientras lo pensaba, pero un par de cuadros antes del intermedio comencé a sentirme un tanto aburrido, y no fue porque lo que pasaba en escena no fuera gracioso (la parodia que Ericka hizo de Niurka es para desternillarse de risa) sino porque ya rozando la hora de parodia, memoria y chiste, la historia habia perdido el sentido y cuando no se tiene algo importante por lo cual poner atención, hasta el mejor chiste es mal recibido.

Creo que la obra puede prescindir de 20 minutos, y otros podrán argumentar que todos los cuadros son graciosos, pero ese no es mi punto, todos tienen algo, una imagen, un gesto, un acento… pero resulta incómodo para el trasero y la cabeza. Quiero decir, hay tantos cambios, tanto vestuarios, tantos personajes, que uno se siente agobiado y, de nuevo, perdido. Saturado pues.

En el breve segundo acto, el texto intenta regresar al meollo del asunto, pero sucede algo extraño… El tono cambia. Repentinamente, los personajes pierden sus motivaciones y se prestan a una inconcebible reconciliación. Esto se siente forzado para otorgar un final feliz a una historia que durante mas de una hora nos presentó a dos personas que no se soportan tratando de ganar adeptos a su causa, contando todo aquello que supuestamente les formó como entes sociales y, sobre todo, sexuales. Nada de esto resulta importante, pues el hábito y la necesidad de compañía y seguridad parece ser mas importante que la independencia, el respeto a las diferencias que nos unen y el amor propio.

Me casé con un idiota, el texto, la historia, no es una obra de arte (por lo menos no lo parece, hasta dar con el texto no puedo opinar otra cosa). Lo que sus ejecutantes hicieron en la escena, sin embargo, requiere de talento y colmillo.

He mencionado varias veces el buen trabajo de los actores y el director, pero quisiera anotar unos cuantos detalles:

Ericka, por mas que se entiende a la perfección con Obed y tiene un ritmo cómico envidiable, a veces apresura sus mejores momentos o los corta cuando apenas han salido de su boca o de su rostro. Comprendo que es difícil detenerse cuando la acción va a mil por hora, pero habría que darle a ciertos momentos tiempo para que el público los saboree.

Obed… mmm… pues creo que nunca lo había visto tan en su elemento; Aprovecha sus momentos y no se interpone a que Ericka tenga los suyos; se divierte y hace que el público participe; en fin, bien hecho. Lo único que anoto es que para cuando Evaristo grita que ya no quiere hacer tantos papeles, su cansancio es real. No es para menos.

Miguel ha logrado una obra que cumple con su promesa, y lo hace llevando al máximo a sus actores y aprovechando un espacio bien definido. El detalle, para mi, es que la velocidad y el colorido es, de repente, demasiado. Podría decir que uno termina tan cansado como los actores. Divertido, pero cansado de la tatahuila.

Y para finalizar, repito, los puntos buenos son muchos y tienen que ver con el talento de los invlucrados; las deficiencias vienen de la lectura y siento que la resolución del conflicto necesitaría mantenerse en el tono del resto de la obra, para hacer de dicha incomprensible reconciliación otro cómico error.

A fin y al cabo, si de lo que se trata es de darle al publico la oportunidad de reírse de si mismo, por lo menos hay que llegar a las últimas consecuencias y darle a personajes tan histéricos, neuróticos y errados, un final digno de sus vicios.

Seguro sería también muy divertido.

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