Ciudad Broadwaygon se prepara para una nueva ola de musicales

El pronóstico del clima es de acalorada competencia entre los talleres de danza y los grupos independientes que se identifican por aportar producción al género.

Quienes no estamos en completa sintonía con esta generación de creadores que encontraron en los musicales la verdad y la vida, – compañeros, debemos seguir con la nuestra y evitar entristecernos pues no tiene caso. El musical estilo Cajeme llegó para quedarse y los últimos ejemplos apuntan a una tercera etapa en lo que, esperaremos, signifique una evolución. Y siendo completamente honestos, no debe sorprender a nadie el arraigo que el género ha logrado en nuestra ciudad. Somos lo que somos. Tenemos lo que tenemos. Hemos creado un bello monstruo.

Creo, por otro lado, que estoy desarrollando una tolerancia bastante decente. Supongo que tiene que ver con la filosofía Zen/cervecera/Sabinesca a la cual me adhiero. Y también a que he desistido de hacer bilis por nada. Agregaré que ultimadamente, todos tienen derecho a hacer lo que les gusta hacer. Y finalizaré por recordar las sabias palabras del topo, cada quien su gújero…

Bueno, todo esto viene por lo siguiente: Soñadoras, el musical.

Una producción de 311 Studio, dirigida por Fernando Fierro, coreografiada por Humberto Mendivil y musicalizada por Julieta Monares, Soñadoras es el resultado de un par de meses de trabajo en esta otra nueva modalidad de pay2play, ó, como le decimos por acá, pago por actuar.

Aunque las academias de danza son pioneras en el asunto de hacer negocio redondo con sus talleres y festivales o funciones de cierre, también el CCAE le ha entrado al quite de ofrecer a sus potenciales clientes la posibilidad de aparecer en un musical comercializando un taller, que mas bien es una pequeña producción, lo que ahora 311 capitaliza. Estos cursos, por naturaleza, no pretenden generar grandes propuestas ni lanzar estrellas automáticas, sino darle la oportunidad al cliente de divertirse jugando a ser artista. Habrá, por supuesto, talentos incipientes que habrán de destacar en la puesta, pero como regla general, no debemos esperar una producción con valores profesionales.

Por lo tanto, esta reseña de Soñadoras toma en cuenta y como base que estamos frente a un producto escolar cuyo propósito es introducir a los alumnos al mundo de la escena cajemense, probar formas y, sobre todo, divertirse y divertir al público.

En ese sentido, Soñadoras fue un éxito.

No hubo minuto de la obra sin risas provocadas por una u otra situación y sus personajes en esta disparatada caricatura televisiva. Desde telenovelas clásicas como Cuna de Lobos, haciendo una referencia casi obligada a Ventaneando y tomando las inescapables nominaciones de reality show – Soñadoras es una carta de amor a la TV, nuestro referente cultural mas inmediato. Que el trabajo se haya realizado en la escena en lugar de la pantalla es un síntoma, pero no hablaremos de ello en esta ocasión.

El estilo, el tono, los temas seleccionados, no van a sorprender a quienes conocen el trabajo de Fernando Fierro y La Petaka. Tampoco debe sorprendernos el formato. Mucho menos debe sorprender que los temas, al estilo de Mamma Mía, Moulin Rouge, Mentiras y otros musicales, sean tomados de la cultura pop y baladera de nuestra sociedad. Edgar Alvarez, dramaturgo y compañero de parrandas defeño, dice que hacemos obras para retratar todas nuestras obsesiones e imponer la música que nos gusta a los demás. No estoy necesariamente de acuerdo con ambas aseveraciones pero no creo que ande tan errado el Tilin.

La nueva moda, luego de esos musicales mencionados en cine y teatro, y sobre todo, después de los ejemplos puestos por Obed Navarrete y su Tonto Musical, sabiendo que Ruben Ramirez de ALF Teatro está preparando uno en la misma linea y ahora, con el estreno de Soñadoras, me late que el CajeMusical/MusiCaleme/Broadwaygon Style está viviendo una evolución que se agradece.

Pero de eso hablaremos con mas detalle al final.

La premisa de Soñadoras, que según el programa de mano parte de una idea original de Fernando Fierro, es al mismo tiempo rendir homenaje y parodiar telenovelas y personajes emblemáticos o estereotípicos de las mismas. El libreto pertenece a Lorenzo Amavizca, quien también interpreta al mayordomo; podemos decir que se le ve futuro en ambos rubros y mientras que su actuación brilla mas que su literatura, Lorenzo es joven y tiene camino por recorrer. El libreto es una colección de situaciones típicas del mundo telenovelero; utiliza también una serie de estereotipos como personajes principales y secundarios (se presentan y se dirigen los unos a los otros utilizando sus motes, que hacen las veces de nombre y tono); en muchos casos, los personajes son mero pretexto para introducir un chiste, una canción o un cliché.

Pero vamos por partes. Tenemos a un matrimonio formado por Alejandro Jussaino y Diandra Hernandez, ambos con suficiente presencia escénica para darle a su papel una buena nota de comedia. Se destaca Diandra, quien como actriz invitada se impone a los demás con una villana intensa, graciosa y llena de esos pequeños toques que distinguen a una actriz preparada. Sus intervenciones son casi todas memorables, aunque hay momentos menores, como un forzado número musical con su antigua amiga, la Ex-Rica, que resulta enteramente olvidable. Ese número es quizá el mas debil de todos.

Luego tenemos a las susodichas Soñadoras: trabajadoras del hogar que no entendemos muy bien que papel desempeñan pues, por ejemplo, la Nana hace las camas y el Mayordomo cuida a las niñas. Otras tres, la Ex-Rica, es… bueno, una ex-rica aparentemente convertida en cocinera de la que nunca se nos revela exactamente como fue a perder su estatus y su dinero (oportunidad desperdiciada para algunos buenos chistes); la India, es otra de las criadas que no sabemos bien que hace en la casa y se viste como gitana; y para finalizar, la Mustia, una sirvienta que como su nombre lo indica, es tímida, buena, hipersensible y hasta narcoléptica (la pobre no se levanta del piso, y sospecho que tendrá las caderas amoratadas este día). De todas ellas, además del mayordomo, podemos destacar el trabajo de Claudia Martell, como la Nana, quien es la presencia mas agradable en la escena, tiene la voz mas potente y firme, y sirve como catalizador para la mayor parte de la obra. Le sigue Alix Topete, como la Mustia, que tiene madera de actriz y cuya voz no está tan mal, pero que necesitó de un micrófono para poder destacar. Luego tenemos a Buchona, interpretada por Luisa Fernanda Soto, quien es muy simpática y su caracterización ayuda bastante, pero como cantante solía estar fuera de tono, algo marcado aun mas por una tesitura estridente. La India y la Ex-rica comparten un problema de proyección de voz. A la distancia, me fue imposible distinguir los dialogos de ambas en mas de una ocasión, aunque India era mas expresiva que la Ex-Rica, quien, lamento decir, carece de fuerza.

Las cuatro hijas del matrimonio son intercambiables y se distinguen solo por sus atuendos. De ellas, Mercy Jauregui es la que llama mas la atención, si tan solo porque su personaje tiene mas tareas escénicas que las otras y su entrenamiento dancístico es evidente en la seguridad con que realiza su trazo. Nayelli Valdez se disfraza de emo de manera convincente, pero me pareció una lástima que su personaje fuera reducido a una farsa, pues canta como fresa y su destino es de lo mas cursi y contrario a lo que su personaje apuntaba. Entiendo que fue un chiste: la niña emo que termina protagonizando un refrito de la telenovela mas fresa de todos los tiempos… pero me pareció otra vez, una oportunidad desaprovechada y, en verdad, me parece que la figura del emo en las últimas obras que he visto que la utilizan, peca de ingenuidad.

Alejandro Rodriguez, como el Primogénito, tiene también buena presencia escénica y expresión, pero como Alix, carece de pulmones y, con el, a veces ni el micrófono era suficiente. Dos pequeñas intervienen en la obra como hija de Buchona y como la memoria infantil de la Patrona. La primera es completamente innecesaria, aunque sospecho que le tenían que dar algo si pagó por el curso, pero la segunda es un buen recurso para la historia y, aunque su tarea escénica es la misma en todas sus intervenciones, la imagen es memorable.

La dirección de Fernando Fierro tiene sus momentos. El trazo es evidente y el tono inconfundible, pero aunque las intenciones eran buenas, la ejecución no logró transmitir esas ideas. La farsa, la parodia, la caricatura, requieren control sobre el cuerpo y el rostro; de todos los actores en escena solo Diandra y los dos Alejandros estaban en el tono correcto, los demás entraban y salían del juego como si les hubiera faltado otro mes para tenerlo al cien. Luisa y Mariam pueden hacerlo mejor, se ve. Claudia, como dije, agrada y se distingue, pero a la hora de la hora, no alcanzaba el tono de la obra. En todo caso, el servicio al texto y a las convenciones televisivas fue detrimental.

A Humberto Mendivil le hemos visto mejores cosas. De nuevo, no se si la prisa por terminar el curso y la puesta a tiempo fue la causa de las inconsistencias, pero las coreografías en esta ocasión fueron bastante blandas en comparación con la energía impresa en otros trabajos. En particular, me parece que el número final, además de haber sido una elección que rompía con cierta unidad temática, fue de poco impacto. Los muebles impedían el libre movimiento, pero de igual forma, repetir y repetir un paso solo para cambiar a la hora de las cantadas fue un momento de poco ingenio proveniente de Humberto.

Julieta Monares ejecutó al piano algunos de los temas, arregló otros para su grabación y tuvo a su cargo la dirección vocal de los interpretes. En el primer rubro fue impecable, en el segundo tuvo algunos problemas pero igual salió airosa, cosa que no siempre resultó en el tercero. Claro, trabajar en tan poco tiempo con gente que puede tener el dón pero no la técnica, o la intención pero no las cuerdas, arrojará siempre resultados ambivalentes.

A fin de cuentas, Soñadoras resultó ser un divertido ejercicio en el cual se vislumbran talentos que, con tiempo y ganas, pueden llegar a dominar la escena. Supongo que el proceso fue una grata experiencia para los invoucrados y espero que esto les anime a continuar trabajando.

Y en cuanto a la nueva ola de musicales que viene…

Lo veo como un avance en el sentido de que la creación se impondrá a la imitación paulatinamente. La tendencia que parace estar tomando fuerza es la de construir historias que permitan la inclusión de canciones de éxito, facilmente identificables, y que hagan uso de la gran cantidad de jóvenes que gustan de las producciones que han sido la constante durante los últimos cinco años. Habrá quienes sostengan que esto empezó hace diez con las producciones del ITSON, pero desde el momento en que las academias de danza y los grupos independientes tomaron la antorcha y se la repartieron cual pastel, tenemos ahora por lo menos a tres compañías cada una con su cerillo, sin contar las producciones escolares que siguen y seguirán sucediendo… la cosa es que el boom se dió hace poco y la competencia, como debe de suceder, ha provocado una suerte de evolución que no necesariamente parte del conocimiento o de la profesionalización, sino de la necesidad de estar un paso adelante o, por lo menos, de llevar el paso.

Espero que esto signifique crecimiento. Sin duda será interesante ver las producciones que saldrán en este formato, aunque temo al mismo tiempo que la moda se quede mas tiempo de lo necesario.

En un momento en que el Broadwaygon Style se había estancado, las mini-producciones tipo taller y las producciones formales que parten de una dramaturgia local asistida por el cancionero nacional le dan un empujoncito al género y ponen a trabajar a mas gente.

En otro artículo hace tiempo lanzaba la idea al aire: en una ciudad donde hay tanto talento en la ejecución musical, donde se ha generado competencia entre bailarines y sus respectivos negocios, donde se presume tanta calidad teatral, me parece inconcebible que nuestras producciones sean solo imitación y repetición… me parece que nuestra famosa arrogancia nos impide CREAR.

Espero entonces, y finalmente, que la nueva moda (nueva para nosotros) se convierta en un sendero hacia ese utópico musical (ya que no hay de otra) en el que todo, todo sea original: Dramaturgia, Música, Vestuario, Escenografía, Trabajo coreográfico… en fin…

Habrá intentos en el camino. Espero que nos equivoquemos cada vez mejor.

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